[...] Por que cuando lo que te hace seguir adelante de desvanece, y la luz a la que te agarrabas para seguir se consume, es tarde. Ya nada tiene sentido. Y todo vuelve a ser como antes.
La oscuridad se espesa, te empalaga, te envenena... Sola. Sola. Sola. Un eco en el espacio infinito. No veo, no oigo, no huelo...
Y entonces tropiezas con la misma piedra, aquella maldita piedra que desencadeno la discordia, y te caes. Te hundes en el pandemónium de nuevo, en el mismo pozo de cieno de la última vez. Pero esta vez es diferente. Esta vez es desgarrador.
Al principio te sientes etéreo y volátil como una veleta en medio de la tempestad, te dejas llevar por ella sin que nada importe; por que en realidad nada importa. Estás en el ojo del huracán.
Pero entonces, la luz que entraba por la boca del pozo es engullida por la profundidad y todo cambia. Todo se vuelve negro.
Caes y caes sin remedio. Intentas gritar, quieres gritar, quieres llorar. Pero no puedes, y eso te hace querer chillar más alto, más fuerte. Pero lo único que responde a tu silente aullido son ecos. Solo ecos.
Y entonces, la única solución que encuentras para continuar estancada en la misma pesadilla es la falta de sentidos, de sentimientos, de recuerdos, de todo... La dulce droga del olvido.
Abandonar el presente, renunciar al futuro y renegar del pasado. Olvidarlo todo, a todos, a él.
La oscuridad se espesa, te empalaga, te envenena... Sola. Sola. Sola. Un eco en el espacio infinito. No veo, no oigo, no huelo...
Y entonces tropiezas con la misma piedra, aquella maldita piedra que desencadeno la discordia, y te caes. Te hundes en el pandemónium de nuevo, en el mismo pozo de cieno de la última vez. Pero esta vez es diferente. Esta vez es desgarrador.
Al principio te sientes etéreo y volátil como una veleta en medio de la tempestad, te dejas llevar por ella sin que nada importe; por que en realidad nada importa. Estás en el ojo del huracán.
Pero entonces, la luz que entraba por la boca del pozo es engullida por la profundidad y todo cambia. Todo se vuelve negro.
Caes y caes sin remedio. Intentas gritar, quieres gritar, quieres llorar. Pero no puedes, y eso te hace querer chillar más alto, más fuerte. Pero lo único que responde a tu silente aullido son ecos. Solo ecos.
Y entonces, la única solución que encuentras para continuar estancada en la misma pesadilla es la falta de sentidos, de sentimientos, de recuerdos, de todo... La dulce droga del olvido.
Abandonar el presente, renunciar al futuro y renegar del pasado. Olvidarlo todo, a todos, a él.
Te dejas acunar por las sombras. Ellas te cuidan, ellas te arrullan. Ellas te ayudan a soportar la inminente oscuridad.
Con el tiempo todo se vuelve confuso. Todo desaparece tras una gruesa capa de humo, vendado los ojos a la realidad.
Dejas de saber, de sentir, de sufrir, de recordar...Y acabas desapareciendo en ti mismo, en la fortaleza que tú mismo te has creado y contra la que inútilmente luchas. Te devoras a ti mismo.
Y así, mientras las sombras terminan de rumiar los últimos pedazos de mi conciencia, pude ver un pedacito de luz. Un trazo de mi vida. Un momento de raciocinio.
Mi pensamiento fue para él.
Entonces desaparecí en la noche
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| Casandra, by Mai |

